Sioc

  Existen muchas historias sobre la caída de la legendaria ciudad de Troya, incluso hay teorías sobre la caída de la mítica ciudad de Atlántida. Sin embargo, hay una historia  que nadie en la actualidad conoce. La historia de la caída de Sioc, pero yo se las voy a contar. 

   Ésta ciudad se encontraba, hace muchos muchos años, en donde ahora se encuentra el condado de Kerry, en Irlanda, y debía su nombre (helada en Irlandés) a un enorme muro de hielo que la rodeaba. Habían pasado siglos sin que nadie viera a los habitantes de ésta ciudad. Según decía la leyenda, el muro había aparecido de la noche a la mañana sin motivo aparente. La historia de éste muro se había esparcido a través de Irlanda, e incluso a algunas islas cercanas. Mucha gente había ido a ver el gran muro de hielo y se había formado una pequeña colonia en uno de sus flancos llamada Fuar. En ésta colonia se había creado un concurso: quien pudiera derribar el muro sería el embajador oficial del mundo exterior en ésta ciudad. Muchos intentaron derribar el muro. Trataron con fuego, lanzando piedras, incluso intentaron escalarlo con picahielos, pero nada parecía atravesar el hielo del que estaba conformado. 

   Un día llegó a Fuar un extranjero de un lugar que nadie jamás había escuchado nombrar. Había escuchado historias sobre el gran muro de hielo y había decidido ir a conocerlo. Le contaron todo sobre los múltiples intentos de atravesarlo y escalarlo, el escuchó pacientemente y al caer la noche se fue a recostar a un lugar alejado de la colonia, al lado noroeste de la imponente muralla. Pasó la noche entera ahí, observando la enorme pared. Así transcurrieron muchas semanas. El extranjero dormía de día y por las noches se sentaba junto al muro. Una noche, la gente de Fuar empezó a notar que el muro empezaba a perder altura y no tardaron en darse cuenta que se debía a éste misterioso extranjero quien en esta noche no estaba solamente observando al muro, lo estaba tocando.

    A sólo unos meses de la llegada de éste hombre, en aquella noche, el muro desapareció por completo. Todos los habitantes de Fuar, así como muchas personas que habían venido desde otras ciudades y aldeas, quedaron conmovidos al ver por primera vez la majestuosa ciudad de Sioc. La reina estaba parada del otro lado de donde solía estar el muro, rodeada de muchísimas mujeres, todas tan hermosas que dejaron a todos sin habla. La gente alentó al extranjero a hablar, pues él era merecidamente el representante de todos frente a esta ciudad. La reina estaba tan enormemente agradecida que nombró inmediatamente al extranjero un Siocense honorario y le pidió que reinara a su lado.

    Unos días después, en el banquete para presentar al nuevo rey ante la sociedad Sociense, la reina se encontraba angustiada. Nadie podía localizar a éste misterioso salvador. Lo buscaron por todo el castillo, sin suerte. De pronto algunas de las doncellas empezaron a notar que había un destello de luz que entraba por los ventanales que daban al noroeste del castillo. Ellas no estaban acostumbradas a ver la puesta del sol, por lo que pensaron que se trataba de eso nada más. Sin embargo, los habitantes de Fuar que habían sido invitados al banquete sabían que eso no era una puesta de sol. Para cuando las personas lograron salir de castillo y dirigirse hacia el lugar de donde venía la luz, la ciudad estaba envuelta por un círculo de llamas. A través del fuego pudieron observar al extranjero, en el mismo lugar en donde había estado tantas noches, viendo hacia el castillo.

    Éste misterioso extranjero, mientras la majestuosa ciudad de Sioc era envuelta en llamas, se alejó y volvió por el mismo camino por el  que hacía meses había llegado. El día de hoy nada ni nadie permanece de la ciudad de Sioc y nadie ha vuelto a escuchar del extraño que la salvó para después destruirla. Y ésa es el misterioso relato de la caída de una de las ciudades más extraordinarias de la historia.